
"Comía por ansiedad": Una madre de dos hijos de 38 años compartió lo que realmente sucedió en su vida después de tomar Ozempic
Ozempic se receta ampliamente para ayudar a los adultos con diabetes tipo 2 a controlar el azúcar en sangre y frenar el apetito, pero también está ganando popularidad fuera de lo indicado en la etiqueta como ayuda para bajar de peso. Sin embargo, para una mujer, el impacto fue mucho más allá de lo físico, afectando profundamente también su bienestar mental y emocional.
A los 38 años, Melissa Floro se encontró atrapada en un ciclo de alimentación emocional, autocrítica y agotamiento físico. Madre de dos hijos y residente en la ciudad de Nueva York, luchaba por perder peso a pesar de innumerables intentos con dietas y ejercicio. El punto de inflexión llegó cuando le presentaron Ozempic.
Lo que siguió no fue solo un cambio en el número de la báscula, sino una completa transformación de su relación con la comida, su cuerpo y su forma de comportarse en su vida diaria. Su historia refleja un debate cada vez más frecuente en torno a los medicamentos GLP-1 y las realidades profundamente personales que se esconden detrás de su creciente popularidad.
Cuando la comida se convierte en un mecanismo de defensa
Comer por razones emocionales no es solo una cuestión de falta de fuerza de voluntad. A menudo es una respuesta profundamente arraigada al estrés, el aburrimiento o el dolor emocional. Según la Clínica Mayo, es una forma común en que las personas intentan calmar las emociones difíciles, pero puede sabotear rápidamente los esfuerzos por bajar de peso.
En lugar del hambre, son las emociones las que impulsan la necesidad de comer, lo que a menudo conduce al consumo excesivo de alimentos dulces, grasos o ricos en calorías. Y aunque puede ofrecer un breve consuelo, este patrón tiende a crear un ciclo frustrante: los sentimientos regresan.
A menudo interrumpe los esfuerzos por perder peso y crea un ciclo perjudicial de culpa y más alimentación emocional. Para Floro, ese ciclo se volvió familiar después de ser madre. "Después de tener a mis hijos, realmente comencé a notar un cambio metabólico en mi cuerpo", recordó.
A medida que el peso aumentaba lentamente, apareció el desgaste emocional. Los cambios en su cuerpo trajeron consigo cambios en sus hábitos. Comenzó a utilizar la comida para lidiar con el estrés y la fatiga mental, un hábito que se volvió cada vez más difícil de romper. "Era adicta a la comida. Comía por razones emocionales", revela Floro.
Lo que comenzó como una forma ocasional de consolarse, poco a poco fue moldeando su vida cotidiana. En lugar de encontrar alivio, se sentía estancada, agotada físicamente, deprimida emocionalmente y cada vez más desconectada de la vida que antes disfrutaba.
Floro intentó tomar el control. Siguió dietas, contó calorías e hizo ejercicio, haciendo todo lo que creía que debía hacer. Aun así, los resultados fueron mínimos. Lo máximo que logró perder fueron 9 kilos.
Pero los kilos siempre volvían, y con ellos llegaban los dolores crónicos de espalda y rodillas, el cansancio y la dura voz interior que le recordaba que estaba fracasando.
Avergonzada, agotada y escondiéndose del mundo
En la primavera de 2024, Floro había empezado a evitar las actividades cotidianas que antes le proporcionaban alegría. Vivía en Nueva York con su esposo y sus dos hijos, y prefería quedarse en casa antes que enfrentarse a la frustración de vestirse. Nada le quedaba bien. Incluso las simples salidas al parque le resultaban abrumadoras.
"Me aislé durante mucho tiempo porque me avergonzaba lo grande que estaba", confesó. En ese momento, sus hijos tenían 10 y 12 años, edad suficiente para pedir ir al parque y jugar activamente. Pero cada petición la llenaba de ansiedad y culpa. Quería decir que sí, pero no se atrevía a salir del departamento.
"Sentía que todo el mundo me miraba", dijo. "Me perdí muchas cosas". Lo que le pesaba no era solo la incomodidad física. Era la sensación constante de ser juzgada, de creer que los demás veían su tamaño como un reflejo de su valor. En su papel de administradora de atención médica, Floro siempre había dado prioridad a los demás antes que a sí misma.
Se centraba en las necesidades de sus hijos, incluso cuando su salud se resentía. Describió la "peor parte" de ese periodo como mental, no física. Años de comer por razones emocionales, malestar físico y aislamiento social habían ido cambiando poco a poco la forma en que se veía a sí misma y cómo se movía por el mundo. Pero en mayo de 2024, todo empezó a cambiar.
Una inyección que cambió su vida
Para el fin de semana del Día de los Caídos de 2024, Floro pesaba 103 kilos. Fue entonces cuando comenzó a recibir inyecciones semanales de Ozempic en el Hospital Lenox Hill de Nueva York. El medicamento, aprobado originalmente para ayudar a los adultos con diabetes tipo 2 a controlar el azúcar en sangre, ahora se recetaba fuera de lo indicado para ayudar a perder peso.
Para Floro, esto marcó el comienzo de una drástica transformación física y mental. "He perdido 32 kg en unos seis meses", dijo meses después. "Ha cambiado completamente mi vida". Aunque esperaba perder peso, no esperaba que su mentalidad con respecto a la comida comenzara a cambiar tan rápidamente.
Los antojos que antes le resultaban imposibles de resistir pasaron a un segundo plano. "Algo en este medicamento cambió la forma en que mi cerebro pensaba y deseaba la comida", compartió.
A diferencia de sus experiencias pasadas con las dietas, este cambio no se sentía como una batalla diaria. Ozempic la ayudó a romper patrones con los que había luchado durante años, relacionados no solo con el hambre, sino también con las emociones. A medida que su alimentación emocional se desvaneció, muchas cosas en su vida también comenzaron a cambiar.
Una nueva rutina, un cuerpo más sano y un beneficio inesperado
A medida que bajaba de peso, Floro comenzó a notar cambios que iban más allá de lo que la báscula podía medir. Su dolor crónico de espalda y rodillas, que antes le dificultaba los movimientos cotidianos, comenzó a disminuir.
Tareas sencillas como ir andando al colegio con sus hijos o subir las escaleras se convirtieron en parte de su rutina, no porque se obligara a hacerlo, sino porque su cuerpo finalmente se lo permitía. "Me encanta poder sentir que mi cuerpo se mueve como debe", dijo.
Con más energía, Floro se volvió más activa, no en el gimnasio, sino en los ritmos de la vida cotidiana. Limpiaba la casa, caminaba todo lo posible y reconectaba con partes de sí misma que habían estado inactivas durante años. Junto con esos cambios, se produjo un cambio inesperado: su relación con el alcohol.
Durante años, relajarse los viernes significaba tomar dos o tres margaritas, un hábito que utilizaba para controlar el estrés. Esa necesidad se desvaneció. "Ya no bebo mucho", reveló. El cambio no fue forzado. Simplemente ocurrió, de forma silenciosa, junto con todo lo demás.
Floro también aprendió a controlar los efectos secundarios de la medicación, como las náuseas leves y el estreñimiento. Beber más agua y comer alimentos ricos en fibra la ayudó a mantenerlos bajo control. Se propuso consumir suficientes proteínas y nutrientes diarios, no como parte de una dieta restrictiva, sino como una forma de satisfacer las necesidades de su cuerpo.
Ya no evita las citas nocturnas ni toma el ascensor. La carga emocional que llevaba —la vergüenza, la vacilación— se ha aliviado lo suficiente como para que pueda volver a relacionarse con su entorno, su familia y ella misma.
El esposo de Floro también ha comenzado a usar un medicamento GLP-1 y, juntos, están creando rutinas que favorecen la salud a largo plazo. Aunque no planea usar Ozempic a largo plazo, sigue abierta a hacerlo si es necesario. "Si ponerme una inyección significa mantenerme sana y estar presente para mi familia y mis hijos, sería un sacrificio muy pequeño", afirma.
El medicamento detrás del cambio: qué es Ozempic y para qué sirve
Ozempic, también conocido por su nombre genérico semaglutida, es un medicamento inyectable con receta médica clasificado como agonista del receptor GLP-1. Originalmente fue aprobado por la FDA para ayudar a los adultos con diabetes tipo 2 a controlar sus niveles de azúcar en sangre en combinación con dieta y ejercicio.
Según el fabricante, también reduce el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves, como ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares o muerte, en adultos con diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas conocidas. Aunque no está oficialmente aprobado para la pérdida de peso, Ozempic se receta cada vez más fuera de lo indicado para ese fin, especialmente en casos en los que los pacientes han luchado contra problemas de salud relacionados con la obesidad.
El medicamento actúa imitando una hormona que se dirige a las áreas del cerebro implicadas en la regulación del apetito. En efecto, ralentiza la digestión, ayuda al cuerpo a producir insulina de forma más eficiente y reduce los antojos de comida. La experiencia de Floro coincide con muchos de estos efectos descritos.
Ella describió cómo el medicamento cambió tu relación con la comida a nivel neurológico, eliminando el ruido mental que antes la llevaba a comer de forma impulsiva. "Fue como un boom, y ya está. Esos pensamientos desaparecieron", dijo.
Una vida recuperada, paso a paso
El viaje de Floro no se limitó al peso. Se trataba de recuperar las partes de su vida que se habían desvanecido silenciosamente. Desde evitar las situaciones sociales y lidiar con el dolor crónico hasta caminar libremente junto a sus hijos, cada paso adelante ha sido personal y difícil de conseguir.
Ella atribuye a Ozempic el mérito de haberla ayudado a liberarse del ciclo de la alimentación emocional, pero los resultados van más allá de cualquier receta médica. Ahora se mueve por el mundo con energía, confianza y claridad. Sus rutinas son manejables, su mentalidad ha cambiado y su relación con la comida ya no la controla.
Y lo más importante, ya no se siente como una espectadora de su propia vida. "No quiero perder más tiempo estancada", compartió. Y ahora, ya no tiene por qué hacerlo.
El viaje de Floro es profundamente personal y, aunque Ozempic transformó su vida, otras personas pueden tener experiencias diferentes. Al igual que con cualquier medicamento, los resultados pueden variar de una persona a otra. Debes consultar a un profesional médico para determinar qué es lo mejor para ti.
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